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Ya hay anuncio del último libro de Harry Potter, placer culpable debo reconocer.

Señoras y señores, nuestro fiel pendrive de 128 mb se ha acogido a feliz retiro. Lo tenemos con Paburochan hace unos 4 años y nunca nos jugó chueco, fueron unas 35 lucas bien invertidas.

Les presento su sustituto, un pendrive que mide menos de la mitad y tiene una capacidad de 1 GB. Nada mal, casi 3 capítulos de Lost ^^

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He cambiado la foto de encabezado del mi modesto blog, a algo más personal, una foto que dice un poco más de mí: es la vista que tengo desde la ventana de mi pieza. Esa calle que se ve, es Avenida Los Carrera, la calle troncal de mi comuna, Quilpué.

 

A la izquierda se ve la punta de la araucaria de mi mamá y el techo de la “sala de estudio/sala de carretes/pieza para las visitas” de mi casa. A la derecha se ve el techo de mi vecino. Al frente hay una micro en el paradero, pero no sabría decir que destino tiene, con esto de “Plan de Transporte Metropolitano del Gran Valparaíso” estoy medio perdida entre los colores y los números.

 

Mas atrás, pero prácticamente indetectable para el ojo forastero, se encuentra el zoológico de Quilpué. De noche, cuando era harto más chica, despertaba y escuchaba a un “monstruo” y me daba mucho miedo. Pude dormir tranquila cuando descubrí que no era un monstruo sino las leonas que estaban a unos kilómetros de mi pieza.

Desde ayer estoy leyendo este libro, cuando lo termine, les cuento que me ha parecido, Por ahora quiero compartir un párrafo de la introducción, que habla sobre la mentalidad trabajólica que afecta a la sociedad actual

“Una muestra escalofriante de lo que puede representar este comportamiento nos la ofrece Japón, donde tienen una palabra, karoshi, que significa “muerte por excesos de trabajo”. Una de las víctimas más famosas de la karoshi fue Kamei Shuji, un agente de bolsa superdotado que, durante la prosperidad del mercado de valores a finales de los años ochenta, trabajaba noventa horas a la semana. La empresa para la que trabajaba pregonaba su hazaña sobrehumana en boletines y opúsculos de adiestramiento, lo convertían en le modelo de oro al que todos los empleados debían aspirar. Sus superiores, haciendo una excepción en el protocolo japonés, le pidieron que enseñara a sus colegas de más categoría el arte de la venta, lo cual aumentó todavía más la tensión que soportaban sus hombros trajeados. En 1989, cuando estalló en Japón la burbuja económica, Shuji aumentó el ritmo de trabajo, tratando de promover la actividad del mercado. Murió de repente, en 1990, de un ataque cardíaco. Tenía veintiséis años.” (p. 15)

 

Hoy estando en mi cama, se me ha ocurrido algo para promover la lectura entre mis cercanos. No sé hasta qué punto podré ser persuasiva, pero me dispondré a preguntarle a mis amigos (especialmente aquellos que dicen que les encanta leer, pero que con suerte leen las etiquetas) qué interesante han leído últimamente o si están leyendo algo por estos días.

Mañana me pongo en campaña. A ver como va.