You are currently browsing the monthly archive for December 2005.

“Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.”

Pablo Neruda.

En este tiempo, hay muchos que se dan el tiempo para cerrar el ciclo y reflexionar acerca de lo que fue este año. Algunos, se fijan en las cosas materiales que acumularon, otros se centran en lo malo que fue el 2006 y se posicionan como víctimas y apuran el paso para terminarlo luego y poder dejar atrás el trago amargo. Otros se fijan en los meses estableciendo hitos mensuales que definieron su año. Otros, se centran en las cosas que hicieron y las que no hicieron. En fin… cada cual tiene su método, de acuerdo a su escala valórica y de necesidades. También hay de aquellos que no hacen ningún tipo de reflexión, desde ya rehuyen su conciencia y prefieren vivir en la niebla.

Esta frase de Neruda me pesa, me inmoviliza. Y tiene que ver con todo esto.

En algún momento nos encontraremos con nosotros mismos, y nos vamos a pasar la cuenta. Nadie a quien venderle la pomada acerca de los éxitos y triunfos insustanciales. Sólo tu mismo. Me pregunto si la Val va a estar contenta con el camino que seguí y con lo que llegué a ser. Me da pánico pensar que no. Que en algún momento tomé la dirección opuesta y me desvié, sin saberlo. Me da pánico que llegue mi hora y darme cuenta que estuve mucho tiempo esperando la micro y que lo tenía que hacer era caminar. O correr. O saltar. Me da pánico darme cuenta que me perdí de vivir.

Y Usted, estimado lector, qué cree? será la más feliz o la más amarga de sus horas?

piénselo.

La pintura pertenece a Sebastián Picker y se llama “el tercer reflejo”.

Advertisements

El triunfo de Evo Morales lo significo como el reflejo de la creciente concientización del pueblo boliviano y la creencia de que otro sistema ecónomico es viable.

Chile es uno de los diez países con mayor desigualdad económica del mundo y la solución que generalmente se plantea es mejorar la educación. Evo con su ejemplo, al recortarse a la mitad el sueldo y el de sus ministros nos señala, que además de la educación, hay otros cambios que tienen que darse, cambios que tienen que provenir tanto del gobierno como de las personas que conforman el país.

Evo nos demuestra cómo se puede ser solidario, sin caer en el asistencialismo o en la limosna.

Grande Evo!

Que tu gobierno dure mucho más que el promedio de los gobiernos de tu país…

Desde la semana pasada, pertenezco a un taller de memoria. Es complicado intentar explicar de qué se trata exactamente, ya que al ser participantes y creadores, somos nosotros mismos los que damos las pautas de dirección al proyecto.

Además, no conozco a ninguno de los otros participantes (bueno, si se integra la nopiola clau, conozca a una :P). De cualquier modo, es sumamente interesante, creo que uno de los proyectos más interesantes en los que he participado, ya que, entre otras cosas, lo que se busca es que a partir de nuestros propios recuerdos, vayamos reconstruyendo la historia local (es decir, de quilpué) complementándolo con otros relatos de vida que recolectemos, material gŕafico y bibliografía acorde.

Y es que siempre tiendo (y creo que tendemos) a ver la historia como una versión oficial, que nos cuentan y que nos imponen, y hoy tengo la oportunidad de a partir de mi propia experiencia contibuir a contarla, tal cual yo la recuerdo, mi familia la recuerda y los que conozco la recuerdan.

Ayer mientras cuidaba a mi pablin que estaba enfermito, y veiamos en las noticias el reportaje de los niños en situación de pobreza que mandaban sus cartas al viejito y que muchos pedían comida o trabajo para sus padres. Y eso me llegó harto.

Y no quiero caer en el tipico speech del consumismo, y que hay otros que no tienen ni para comer o vestirse o para dormir (como la niñita que pedía un colchón para ella y sus tres hermanos).

Tampoco quiero pensar o dar a enteder que esto es una sensiblería barata adhoc a a época. Para nada.

Quiero un mundo distinto, y para eso estoy trabajando, pero días como ayer, siento que mi esfuerzo no es suficiente, que mi esfuerzo es mediocre, que mi esfuerzo no sirve para nada.

Quiero un país, donde todos tengamos derecho a la misma educación, quiero un país donde no se tenga miedo.

No se tenga miedo de enfermarse, por ejemplo, porque no se puede dar el lujo de la previsión. Quiero un país, donde los ciudadanos cumplan sus deberes y hagan cumplir sus derechos. Un país solidario y no subsidiario.

Leía en otro blog, una carta y quise rescatar unas lineas: “En esta Navidad no quiero ese pavoroso intercambio de regalos entre manos que no se abren en solidaridad, compasión y cariño sin pudor. Quiero al Niño suelto en lo más íntimo de mí mismo, sembrando ternura en todos los prados en los que las piedras sofocan a las flores.
No quiero ese ruido urbano que estraga el alma, los oídos pegados a los teléfonos, el olfato condenado a sentir olores insalubres, la boca llena de palabras inútiles, carentes de verdad y sentido. Quiero el silencio de mi propio misterio, el canto armonioso de la naturaleza, la mano extendida para levantar al otro, la fraternidad de los amigos bendecidos por una perenne complicidad.
En esta Navidad no me interesan las oscilaciones de los índices financieros, las promesas viciadas de los políticos, las tarjetas impresas a granel, llenas de colorido y vacías de originalidad. Quiero las más tiernas evocaciones: el aroma del café colado en la mañana por mi abuelo, el sonido de la campana de la iglesia parroquial, el radio pregonando jabón Eucalol mientras mamá me miraba saltando en la tierra.
No quiero las amarguras familiares que se guardan como polvo entre los pliegues del alma, las envidias que me alienan de mí mismo, las ambiciones que me vuelven triste como las gallinas, que tienen alas y no vuelan. Quiero las rodillas dobladas en el atrio de la iglesia, la cabeza inclinada hacia el Trascendente, la perplejidad de José ante la inusitada gravidez de María.
En esta Navidad no iré a las calles atestadas de vendedores de bienes finitos, ni disfrazaré de algodón la nieve que se amontona en mis sinsentidos, ni instalaré campanillas falsas en el frontispicio de mi indiferencia.”

es más menos lo que me ha pasado desde que salí de vacaciones: entre tanto proyecto, siento que en la intención de sacar todo adelante, no avanzo en ninguno y lo unico que hago son disparos desbocados. 😦

Es tiempo de reorganizarse…

Instalé kubuntú en el tarro de mi viejo, y creo que ha ido impecable, pero todavía no empiezo con la partición del mio para instalar ubuntu y conocer y aprender gnome.

Empecé a leer, pero estoy leyendo el principe mestizo, que requiere el mismo esfuerzo mental que ver tele, asi que no vale. Espero esta semana empezar a leer angels and demons que me prestó mi gran amiga londrix. Para luego seguir con Moby Dick.

Respecto a lo de “nuesto pc” todavía no me contactan; a attac valpo todavía no voy, pero al menos ya me contacté con el podemos juvenil de quilpué y el miércoles hay reunión.

Al final, cuando el cansancio ya pasó, son lindos los recuerdos que guardo de estas elecciones y de lo que significó involucrarse en una causa.

Darse cuenta, por una parte que aún hay miedo y represión que eclipsa las libertades personales, grupales y civicas, pero que aún así es posible hacer algo, y que ese algo, a la larga puede significar mucho, tanto para uno como para otros.

Reafirmarse en la convicción de que no estamos solos y de que otro mundo, otro chile, otro quilpué es posible 🙂

…y que para eso hay que seguir trabajando…

por fin de vacaciones 🙂

ya veia que no salía nunca…

ahora tengo tiempo para todos esos proyectos que tengo stand by 😀

El seco Umberto Eco una vez escribió sobre Mafalda y esto fue lo que dijo:

Mafalda no es solamente un personaje de historieta más; es, sin duda, el personaje de los años setenta. Si para definirla se utilizó el adjetivo “contestataria”, no es sólo para alinearla en la moda del anticonformismo. Mafalda es una verdadera heroína “rebelde”, que rechaza el mundo tal cual es. Para entender a Mafalda es necesario establecer un paralelo con ese otro gran personaje cuya influencia, evidentemente, no le es ajena: Charlie Brown.

Charlie Brown es norteamericano; Mafalda es sudamericana. Charlie Brown pertenece a un país próspero, a una sociedad opulenta a la que busca desesperadamente integrarse mendigando bienestar y solidaridad. Mafalda pertenece a un país lleno de contrastes sociales que, sin embargo, quiere integrarla y hacerla feliz. Pero Mafalda resiste y rechaza todas las tentativas. Charlie Brown vive en un universo infantil del que, en sentido estricto, los adultos están excluidos (aunque los chicos aspiren a comportarse como adultos). Mafalda vive en una relación dialéctica continúa con el mundo adulto que ella no estima ni respeta, al cual se opone, ridiculiza y repudia, reivindicando su derecho de continuar siendo una nena que no se quiere incorporar al universo adulto de los padres. Charlie Brown seguramente leyó a los “revisionistas” de Freud y busca una armonía perdida; Mafalda probablemente leyó al Che.

En verdad, Mafalda tiene ideas confusas en materia política. No consigue entender lo que sucede en Vietnam, no sabe por qué existen pobres, desconfía del Estado pero tiene recelo de los chinos. Mafalda tiene, en cambio, una única certeza: no está satisfecha.
A su alrededor, una pequeña corte de personajes más “unidimensionales”: Manolito, el chico plenamente integrado a un capitalismo de barrio, absolutamente convencido de que el valor esencial el mundo es el dinero; Felipe, el soñador tranquilo; Susanita que se desespera por ser mamá, perdida en sueños pequeño burgueses. Y después, los padres de Mafalda, resignados, que aceptan una rutina diaria (recurriendo a su paliativo “Nervocalm”) vencidos por el tremendo destino que hizo de ellos los guardianes de la Contestataria.

El universo de Mafalda no es sólo el de una América latina urbana y desarrollada: es también, de modo general y en muchos aspectos, un universo latino, y eso la vuelve más comprensible que muchos personajes de las historietas norteamericanas. En fin, Mafalda, en todas las situaciones, es una “heroína de nuestro tiempo”, algo que no parece una calificación exagerada para el pequeño de personaje de papel y tinta que Quino propone.

Nadie niega que las historietas (cuando alcanzan cierto nivel de calidad) asumen una función cuestionadora de las costumbres. Y Mafalda refleja las tendencia de una juventud inquieta que asume aquí la forma paradojal de disidencia infantil, de esquemas psicológicos de reacción a los medios de comunicación de masas, de urticaria moral provocada por la lógica de la Guerra Fría, de asma intelectual causada por el Hongo atómico.

Ya que nuestros hijos van a convertirse -por mérito nuestro- en otras tantas Mafaldas, será prudente que la tratemos con el respeto que merece un personaje real.